Contra la pared
Un momento de suspiro, otro de inhalación me bastó para embriagarme con el exquisito aroma varonil que su colonia emanaba. Empujé su cuerpo contra la pared, y fui directa a besarle como nunca había besado a nadie. Un gemido de sorpresa y placer salió de su garganta cuando nuestras lenguas se juntaron en un vaivén de sensaciones que hacían nuestros cuerpos estremecer. No el conocía, y él tampoco a mi. Éramos dos completos desconocidos de los cuales nadie sabía el nombre metidos en un callejón, atraídos por una fuerza magnética que obligaba a hacer lo que estaba a punto de pasar.
-No sé quien eres-susurró contra mi boca. Cambiamos los papeles, ahora yo estaba empotrada en la pared y él bajó sus manso hasta posarlas en mis piernas y subirme a su pelvis-pero me encantas-dijo fascinado.
Me obligué a no desfallecer ante la sexy voz de mi desconocido acompañante.
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