martes, 19 de abril de 2011

Última Oportunidad

¡Hola! He escrito una historia de seis capítulos, que espero y os guste. Iré colgándola poco a  poco. 



Capítulo 1. Perdidos

Ella soltó una calada del cigarro que estaba fumando y la nube de humo se evaporó frente a su cara. Apoyada en la Hummer negra que sus padres le habían prestado por hoy con la condición de que no la chocase, observó con atención e impaciencia la puerta de la casa. Diez minutos después de haber tocado el timbre por ella salió un chico de caminar desgarbado, ataviado con ropa oscura que la chica había escogido expresamente para él, con su pelo normalmente engominado y hacia atrás ahora desordenado, y sus gafas de montura negras por su notable miopía. 

-Ya era hora-dijo ella-. Pensé que nunca saldrías.

-No todos tenemos unos padres que nos dejan salir a cualquier hora-respondió él molesto. Ambos se subieron al coche mientras el chico seguía hablando-. No sabes todo lo que he tenido que hacer para que me dejen ir a esa estúpida fiesta esta noche.

-No es una estúpida fiesta, Josh, es tu billete de entrada al mundo popular, nunca lo olvides.

-Cómo olvidarlo, Mel-respondió con un gran suspiro.

Ella rodó los ojos y arrancó la furgoneta. Mel Parris tenía una melena rubia dorada que le caía en capas hasta la cintura. Sus ojos, despiertos, vivaces y grandes, eran de color verdoso y sus labios carnosos y rosados. Su cuerpo sería la envidia de cualquier modelo que se preciase, y traía loco a todo el instituto, pero a ella no le gustaba ninguno de los idiotas integrales que tenía por compañeros. Josh Bell era lo que puede definirse como un nerd total. Le gustaba el ajedrez, la guerra de las galaxias… Y a pesar de ser tan diferentes, estos dos chicos habían sido amigos desde siempre, y ahora le tocaba a él hacerse tan popular como su mejor amiga lo era. Mel alargó la mano al compartimento bajo el salpicadero y le dio a Josh una cajita.

-¿Qué es esto?-interrogó el muchacho.

-Lentillas, ahora quítate esas gafas de culo de botella y póntelas. Josh se encogió de hombros e hizo caso, cuando su amiga le miró de refilón sonrió ampliamente-. Así que bajo esa facha de perdedor se esconde un Josh realmente atractivo. Cuando en la fiesta sepan que eres tú, nadie se lo va a creer.

-A veces me pregunto por qué te hago caso en todo lo que me dices-comentó el chico, y en ese momento el móvil de Mel sonó.

-Eso es porque sabes que soy la única que tiene fe en ti, y porque necesitas que el mundo sepa que existes-la rubia cogió la llamada al tercer toque-. ¿Diga?

-Melanie, ¿dónde cojones estáis?-ella reconoció la impaciente y cansina voz de su compañero de pupitre durante lo que llevaban de curso. 

Daniel Miller era alto, bastante alto, su cabello era oscuro, casi negro, y siempre lo llevaba alborotado y con apariencia descuidada. Su cuerpo era esbelto, con los músculos marcados donde tenían que estarlo pero no en exceso. Labios finos y provocativos, nariz respingona, y bajo unas cejas espesas y oscuras, unos ojos azul grisáceo que envolvían e hipnotizaban a la más fría de las mujeres. Tenía a muchas a sus pies, pero no a Mel, que lo odiaba con todas sus fuerzas aunque una parte de ella quisiera encerrarse con él y hacer perversiones cada vez que lo miraba. El odio ganaba sobre el deseo, se decía la rubia.

-Mel, si no te importa-corrigió ella por centésima vez en el curso-. Y a ti no te importa dónde estemos.

-Me importa cuando Chris me ha dicho que tu eres la que nos va a guiar hasta su mansión-dijo él con retintín en la voz. Mel paró en seco el avance de la Hummer y abrió sus grandes y llamativos ojos de forma desmesurada.

-¿Disculpa? ¡Pero a esta tía qué coño le pasa!-Chris era organizadora de la fiesta, y Mel no tenía ni idea del detalle que Daniel le contaba.

-Mira, tu a mi tampoco me caes bien, así que acabemos con esto de una maldita vez. Ni Sharon-su ligue de la semana-, ni yo sabemos dónde está esa casa, así que quedamos en la avenida principal de la costa en cinco minutos. 

-Genial-dijo ella sin mucho ánimo.

Se giró a su amigo y le contó la situación. Jamie actuó con total indiferencia. Sharon Smith era una chica de ojos grises achinados, cabello castaño oscuro y labios finos. A Mel no le caía nada bien porque, entre otras muchas cosas, nunca habían hablado desde primaria y ella le parecía una niña pija y caprichosa. Con un gran suspiro para llenarse de paciencia, aceleró para poder llegar a la avenida de la costa lo antes posible. Porque cuanta más prisa se diera, menos tiempo tendría que soportar al idiota de Daniel. Le vio llegar a la vez que ella, y ni siquiera se bajó del coche.

-¡Eh!-vociferó bajando el cristal y encendiendo un nuevo cigarrillo. Daniel le contestó con un golpe de cabeza alzando la barbilla-. Vamos, sígueme de cerca, si es que tu cafetera puede…-dijo con sorna la rubia al observar el coche de Daniel.

-No lo dudes-contestó él con un bufido. 

Mel apretó el acelerador y la Hummer salió disparada hacia delante, Josh pegó un brinco en el asiento y se puso el cinturón en seguida, porque cuando la rubia estaba al volante era muy peligroso. Ella miró repetidas veces el espejo retrovisor y se dio cuenta de que él la seguía sin mucha distancia. Volvió su vista al frente y se desvió a un saliente de la autopista, donde le habían indicado que si seguía todo recto ese camino conseguiría llegar a la mansión campestre de Chris. El camino cada vez se hacía más frondoso. Mel paró la furgoneta cuando vio que había dos sendas a escoger. El silencio se volvió casi insoportable y tuvo que encender la radio, pero no sintonizaba ninguna emisora, apenas se distinguían unas leves voces entre tanto ruido. Finalmente escogió el camino de la derecha.

A ella no le habían dicho que tendría que encontrarse con ningún cruce. La senda seguía, pero ya llevaban quince minutos yendo recto y no habían encontrado más que árboles frondosos y matorrales. Mel detuvo el avance de la Hummer, Daniel hizo lo mismo con su coche.

-¿Dónde estamos?-inquirió Josh.

-No lo sé-respondió ella-. Nadie me dijo que tendríamos que atravesar un cruce de caminos.

-Quizás te has equivocado de entrada-sugirió.

-Quizás sea que es un poco corta de cascos y el tinte impide que el oxígeno le llegue al cerebro-aportó otra voz desde la ventanilla de Josh. 

Melanie se enfadó, bajó del coche y de tres zancadas llegó al otro lado, donde Daniel la esperaba cruzado de brazos y con una sonrisa de autosuficiencia dibujada en sus labios. Ella le señaló con el dedo, clavándoselo con brusquedad en sus duros pectorales a cada palabra que pronunciaba.

-Para tu información, mi pelo no es teñido, ¡soy rubia natural, pedazo de imbécil! Y no sé dónde diantres estamos, ya estoy suficientemente enfadada como para que ahora vengas tú a decirme tonta por toda la cara. ¿Vale? Si pones un poco de tu parte, saldremos de este puto bosque, llegaremos a esa maldita fiesta y nos emborracharemos.

-¡No, por favor!-dijo él-. Te veré doble, y es algo que no soportaría.

-A veces me pregunto si de verdad eres tan gilipollas como aparentas o entrenas para ser mejor.

-¡Bueno ya vale!-intervino Sharon.

-Eso, haya paz, por favor…-añadió Josh-. Ahora hay que pensar cómo salimos de este sitio. Porque no se a vosotros, pero a mí me da grima. Son casi las once y media y aquí no hay cobertura para pedir ayuda.

-Muy bien, volvamos por donde hemos venido. Solo hay que deshacer el camino recorrido y punto-dijo Daniel. 

Los chicos subieron a sus correspondientes coches, y mientras daban la vuelta y volvían a arrancar, Josh consultó con Mel su curiosidad.

-¿Por qué Daniel y tu os lleváis como el perro y el gato?

-¡Porque es un idiota insufrible e inmaduro!-dijo ella enfadada.- Me tiene más que harta, se cree el mejor y no llega ni a ser decente.

-No será que te gusta…

-¡Ni de coña! ¡Yo no salgo con gilipollas integrales!

Josh se encogió de hombros y se reclinó contra el asiento mientras Mel se concentraba en seguir el camino de vuelta. Pero por más que seguía recto no encontraba el cruce que antes se le había puesto delante. Paró el coche de nuevo, ahora mucho más preocupada que antes. Se bajó y encendió el tercer cigarro de la noche mientras caminaba de adelante atrás.

-¿Por qué te has parado?-dijo Daniel acercándose.

-Porque este camino no es como el de antes. ¿No lo ves? Aquí las hojas están más secas y es todo menos espeso.

-Entonces eso significa que nos acercamos a la carretera-opinó Sharon, la rubia rodó los ojos.

-Ya, pero la cuestión es ¡que por aquí no hay ninguna maldita carretera!

-A ver-dijo Josh saliendo de la Hummer-. Pensemos con calma, no podemos perdernos en un camino tan fácil. Había que ir todo recto, ¿cierto?-preguntó él, subiéndose la cremallera de la chaqueta. Todos imitaron su gesto pues empezaban a sentir el frío de la noche.

-Sí-intervino Daniel-. El problema es que nos hemos encontrado con dos caminos, y tu amiga ha cogido el de la derecha sin saber a dónde nos llevaría.

Los ojos claros de Mel parecieron echar chispas.

-¿Insinúas que esto es culpa mía?

-Déjame pensar…-se puso un dedo en la barbilla y miró al cielo un momento-. ¡Sí!

Nadie lo vio venir. En menos de un segundo la rubia había estampado el dorso de su mano en la mejilla de Daniel. Él la miró con rencor en sus penetrantes ojos y por un momento Mel se amedrentó, pero luego le plantó cara. Sharon se puso en medio de ellos.

-Ya vale, dejad de pelear como críos y pensemos cómo salir de este lugar. ¿Quién tiene cobertura? Quizás si llamamos a Chris, ella nos indique dónde estamos o nos venga a buscar. No creo que estemos lejos de la fiesta.

Todos comprobaron sus teléfonos móviles, y todos tuvieron los mismos resultados: Cobertura cero. 

-¿Y ahora qué hacemos?-dijo Daniel.

-Intentemos llegar a algún lugar. Estamos cerca de la civilización, no podemos habernos alejado tanto-sugirió Josh.

Los cuatro suspiraron audiblemente, Sharon echó una mirada de agradecimiento a Josh, porque le había ayudado a calmar a esos dos, y entonces volvió al coche con Daniel.

-Dan-apeló una vez arrancaron, esta vez iban ellos delante.

-¿Qué? -preguntó él, notablemente molesto por lo que acababa de suceder.

-¿Qué esperas de nuestra relación?-esa pregunta pilló con la guardia baja al chico de ojos misteriosos. 

Lo cierto era que él no quería ninguna relación seria con nadie. No desde que llegó a ese instituto en Nashville donde la conoció a ella. La primera vez que la vio, pensó que era preciosa, cuando habló con ella pensó que era sumamente odiosa, pero eso no quitaba que siguiera atrayéndole. Se lo negaba, lo había negado hasta la saciedad y sospechaba que nunca se cansaría de hacerlo. Y para remediar esos pensamientos lo que hacía era portarse como un completo imbécil con ella y liarse con chicas que no le interesaban lo más mínimo, tal y como había hecho con Sharon, a la que ahora consideraba más una amiga que una novia. 

-¿Y bien?-dijo ella, chasqueando los dedos ante los ojos de él. Daniel no supo cómo contestar-. Genial, no me lo digas, porque ya me lo imagino… Es Mel, que te gusta ¿verdad?

-¡No! ¡A mí esa tía ni me va ni me viene! No digas tonterías Sharon, por favor. 

-De acuerdo, solo te pido que si no quieres seguir conmigo, me lo digas y ya está.

Daniel tomaría muy en cuenta esa petición. Ahora el paisaje había cambiado. Estaba en un lugar más reseco que el bosque, casi no había vegetación y el suelo estaba lleno de humus y hojas secas de los árboles que se habían desprendido de sus ramas. Pararon los coches y volvieron a salir.

-¿Y ahora?-dijo Mel a punto de perder los estribos, y terminando de fumar el noveno cigarro.

-No fumes tanto, eso es malo-aconsejó Josh.

-¿Y qué quieres que haga, comerme un chicle?-dijo ella incrédula, entonces Daniel le tendió una lámina de chicle de menta.

-Te va a hacer falta-dijo con calma mientras observaba todo a su alrededor y le enseñaba el móvil a los demás-. Porque aquí tampoco hay cobertura, y mucho me temo que estamos perdidos.

Sharon, Josh, Daniel y Mel se miraron entre ellos con la preocupación reflejada en sus ojos.