lunes, 1 de noviembre de 2010

I love the way you lie





Ella llora sentada tras la puerta del baño de su propio piso mientras, al otro lado de la misma, un chico aporrea la puerta. “Sal, por favor, sal” dice entre golpe y golpe contra la madrea. Ella se siente en una espiral interminable, todo repetitivo y ya casi matutino. Siempre es la misma historia. Él la engaña, claro que sí, lo ha hecho varias veces, y ella lo sabe. Se lo ha reclamado todas y cada una de las veces que esto ha ocurrido ¿y qué hace él siempre? 

Se enfurece, grita, le grita a ella. Ella es fuerte, siempre lo ha sido pero ante él no sabe qué le sucede. Todo es un asco, su vida, su relación, ese piso que alquilaron juntos y que ahora se ha convertido en una jaula para ella, todo porque él no la deja salir para que nadie más que él pueda admirar su belleza. 

Cada vez que pelean ella lo perdona, han sido muchas veces, siempre una disculpa tras un grito, siempre un no lo volveré a hacer por parte de él. Solo fue una vez y eso no se repetirá. Ya, claro. Eso nadie se lo cree, pero ella sí que lo hace a pesar de que cada vez que se pelean piensa que están encerrados en un círculo enfermizo.

Regalos, promesas, esto es para siempre… hora todo es distinto. ¿Qué por qué ella no hace nada al respecto? ¿Qué por qué lo deja pasar y hace como si nada hubiera ocurrido? La respuesta es muy sencilla. Ella llora, se quema por dentro de lo mal que lo pasa. Pero eso no quita que ella lo ame con todas las fuerzas de su herido corazón.

Sin embargo esta vez ha sido demasiado hasta para ella. Todavía lo tiene nítido en su mente y el dolor latente en su cara. Le estaba gritando, ella se ha enterado que él se los ha puesto de nuevo y le reclama, pero él se enfurece como siempre. Hay algo distinto, ella lo nota en sus gestos. En momento en que él levanta su puño y da en su mejilla, tirándola al suelo, ella no se lo cree. Lo ha visto a cámara lenta a pesar de la rapidez en la que ha sucedido.

Corre hasta el baño y se encierra, y volvemos a la rutina, pero esta vez es peor. Ahora ella sabe que él es capaz de pegarle y está aterrorizada. 

-¡Para ya!- está diciendo-¡Para y óyeme por Dios!-a él le cuesta, pero deja de pegar puñetazos la puerta para escucharla.- ¿No ves lo que te pasa? ¡Te estás convirtiendo en un monstruo!-dice a voz en grito y ahogada en llanto.

Solloza ruidosamente, no pude evitarlo, su pecho se convulsiona. Él para, se poya en la puerta y se deja resbalar hasta el suelo, se mira la mano derecha con la que le ha pegado a ella y se horroriza. 

Ella lo acabará perdonando, como siempre hace, porque lo quiere y siente que si no está con él, se muere y su vida no tiene sentido. Intentarán que su relación funcione y que todo esté bien, pero eso solo es una fachada. En el fondo ambos saben que volverán a lo mismo y que los gritos, las peleas y quizás los golpes volverán a repetirse.