viernes, 24 de febrero de 2012

Compartida





Marco, sentado en el alfeizar de la ventana de aquella habitación de motel, oteaba hasta allí a donde alcanzaba su vista, y supo que ella estaba llegando. La vio ataviada con su ya conocido abrigo largo y oscuro, con esas enormes gafas de sol que ocultaban su identidad y el cabello recogido en un diplomático moño a la nuca. Ella le vio, le dedicó una disimulada sonrisa e hizo su entra en el motel. En menos de cinco minutos abrió la puerta y la cerró tras de sí. Se deshizo el moño, dejando que su melena ondulada y oscura cayese en cascada por sus hombros y su espalda, y se quitó las gafas para que sólo él pudiese admirar esos ojos de un verde tan intenso como el de un bosque. Clara se deshizo del abrigo, de nuevo traía la ropa del trabajo, obviamente había estado trabajando hasta hacía poco, pero eso era un detalle sin importancia para lo que estaba a punto de suceder. 


Sus labios se unieron en un beso profundo, las manos de Marco se posaron en la baja espalda de Clara, y las de ella se aferraron a la nuca del hombre. Era un agarre desesperado, férreo e inseparable. Las manos de Clara vagaron por la espalda de Marco para quitarle la camiseta, al igual que él le quitó a ella la blusa de botones que llevaba puesta. Cayeron en la cama, con sus torsos rozándose y erizando la piel de ambos, mientras seguían entrelazados en un beso que él deseaba que fuese eterno, en el que sus lenguas se rozaban provocando un mar de sensaciones, y los labios carnosos de clara lo invitaban a secuestrarlos y llevárselos consigo allí a donde nadie más que él supiera dónde encontrarlos. 


Se dejaron llevar por la pasión, por las caricias, por la atracción irremediable que sentían el uno por el otro. Poco después, Clara estaba acostada boca abajo con los ojos cerrados mientras Marco dibujaba corazones en su espalda con caricias, caricias que la hicieron sonreír como a él le gustaba. De pronto miró el reloj, y supo que había llegado la hora de irse, de que ella abandonase la habitación y él se quede con su aroma en su piel hasta nuevo aviso. 


-No te vayas-le pidió abrazándola por detrás, interrumpiéndola cuando estaba poniéndose el sujetador y acicalándose la espesa melena.- No soporto ver que sales por esa puerta, no soporto saber que vuelves con él cuando sales de aquí, no soporto saber que él te toca cada noche después de mi. 


-Tengo que irme Marco-le dijo ella. en su voz se hallaba la contrariedad, porque su mente le pedía que se fuera, pero su corazón le rogaba por quedarse.- Tiene que ser así, sabes que tiene que ser así. 


Ella terminó de vestirse, igual que él, pero esta vez la despedida no fue tan fría como de costumbre. Esta vez Marco no dejó que se fuera sin antes agarrar su cintura, acercarla a él y besarla con suavidad, anhelo y tristeza. 


-Te quiero-le dijo, Clara se puso rígida, pues era la primera vez que lo escuchaba de sus labios.Y aunque lo sabía desde hace tiempo, hasta que no se hizo material no se lo creyó del todo. No hasta ahora.- Sabes que te quiero desde hace mucho tiempo Clara, pero esto no puede seguir así. No puedo seguir compartiéndote con él, no quiero compartirte con nadie, porque sabes que me quieres a mi, y que has olvidado lo que sientes por él hace mucho tiempo. 


-Marco, por favor... no lo hagas más difícil. 


-¿Por qué tiene que ser así? ¿Por qué tienes que estar con un hombre al que no amas? 


-Es mi marido.


-Y yo tu amante... Y cuando una mujer quiere más a su amante que a su marido... Debe replantearse si de verdad vale la pena seguir con esto. 


-Marco sabes que no puedo dejarle... me mataría si lo hago... 


-Yo te protegeré, y sabes que lo haré. Pero primero tienes que decidir. Porque yo no puedo seguir con esto. 


-¿Estás diciéndome que quieres dejarlo?-inquirió ella-, ¿es eso? ¿quieres dejar de verte conmigo?


Silencio. 


-Me voy-dijo al cabo de unos minutos Marco-. Me voy de la ciudad. He pedido el traslado al este, y me lo han concebido. Mañana cogeré un avión a Atlanta-la cara de Clara iba tornándose a una expresión horrorizada cada segundo que pasaba. Marco sacó unos papeles de su abrigo. Un billete de avión-, y tú puedes venir conmigo. 


-Ir... Ir contigo... ¿a Atlanta?


-Piénsalo. El vuelo sale a las nueve de la noche-él acogió la cara de su amada entre sus manos y la besó-, y recuerda que nadie te querrá como yo. 


Marco salió de la habitación y la dejó allí con sus pensamientos. ¿Desde cuándo su vida era tan complicada?... Ah sí... Desde que su marido se había vuelto un alcohólico y amenazaba con darle una paliza si hacía algo mal, aunque sólo fuese llegar dos minutos tarde a casa. Y ya se estaba pasando... Eran las ocho y media, y le había dicho que a las y veinticinco volvería de las "horas extra". Salió corriendo del motel, se montó en su coche y condujo lo más rápido que los límites de velocidad le permitían hasta su casa. La casa que había dejado de ser un hogar para ella. Vio el coche de su marido aun en la entrada, y decidió aparcar al final de la calle, para esperar a que él saliese como un desesperado celoso a buscarla por la ciudad. Mientras tanto, recordó cómo empezó Marco a ser su amante y sonrió.


Un ascensor. el ascensor de la empresa fue quien hizo la gracia. él era el nuevo secretario, ,y ella la vicepresidenta. Una mañana, el ascensor se averió con ellos dos dentro, y ella tenía claustrofobia. él la calmó... Y conforme iban pasando los días, se veían más y más, hasta que llegó un momento en el que hubo una reunión. Esta se canceló a última hora, y como si estuviese predestinado, los papeles de clara se cayeron de sus manos, Marco, tan caballeroso, se agachó a recogerlos a la vez que ella, y entonces se besaron, se unieron en un beso que ambos habían estado esperando hacía semanas. Clara vio una vía de escape. 


Hasta que un día ella le entregó a él una nota, en donde le daba una dirección, un número y una hora. La dirección del motel, el número de la habitación y la hora de encuentro. y puntual estuvo él allí. En esa habitación habían ocurrido muchísimas cosas, muchísimos momentos únicos, muchas despedidas que no tenían por qué ser así, pero es que Marco ya se había cansado, porque él la amaba de verdad, y no soportaba que la tocase cualquier otro que no fuese él. 




Pasaron las horas, y Marco tuvo que irse al aeropuerto. Aun no había tenido noticias de Clara, lo único que sabía era que no había ido al trabajo, y eso le preocupaba. Pero no podía hacer nada. ahora todo dependía de ella. Hicieron la llamada al embarque, y Marco estaba perdiendo toda esperanza de verla aparecer por la terminal. Llegó a la puerta de embarque, y echó un último vistazo al aeropuerto, pero no había ni rastro de Clara. Debería olvidarla, sería lo mejor. Tendría que conformarse, y olvidar a la que tenía claro que era el amor de su vida. No siempre sale todo como uno quiere, porque a veces el destino es malicioso y egoísta. 


Iba por el túnel que llevaba hasta el interior de avión cuando escuchó que le llamaba.


-¡Marco!


Pero también hay veces que el destino te sonríe, y te entrega lo que más deseas.


Se dio la vuelta, un cuerpo se estampó contra el suyo, y descubrió que era Clara, que lloraba abrazada a él, y de pronto se encontró besándola ahí en medio. cuando se apartó, él mismo se dio cuenta de que también estaba llorando, y que lo salado del beso no era sólo culpa de ella.


-Has venido...-dijo incrédulo.


-Y esta vez no me iré... Te quiero Marco, te quiero...-susurró.








miércoles, 23 de noviembre de 2011

Never alone


¿Sabes esos momentos en los que te sientes vacía? Cuando vas a dar paseos sola y miras a tu alrededor para encontrarte con una pareja por allá, dos acaramelados por el otro lado, unos abrazados... Aquel chico que mira embobado a la chica que le gusta y viceversa.  Lo que provoca todo eso es que te sientas sola. Que veas que aun rodeada de mil personas, sientes como si fueses la única humana en el mundo, la única apesadumbrada que pasea sin ton ni son, sin rumbo alguno, sin dirección... Y luego llega él, pero tu no te das cuenta. Ese chico que te mira, te sonríe y del que tu pasas prácticamente, que en secreto se preocupa por ti, y que en un momento, cuando mas sola te sientes, te da su mano para que te aferres a él, totalmente dispuesto a ser tu apoyo cuando te sientas desfallecer. Dispuesto a cuidarte, a preocuparse por ti, a darte lo que necesites sólo porque sí.  Y entonces te entra la duda... ¿confiar como has confiado antes, o cerrarte y volver a tu cárcel de soledad? Yo me decidiría a lanzarme a la piscina, después de todo, nunca sabrás qué habría pasado si no lo intentas. ¿Y si resulta que es el amor de tu vida? ¿Y si no lo es?  Puede que pases años y años con él, o meses... o menos de un mes. Pero qué más da... ¿A caso no es eso de lo que va la vida? ¿De experiencias? Dentro de unos años puede ser tanto un bello recuerdo como tu ferviente presente. Sólo tienes que aventurarte, quitarte los miedos, e ir a la luz al final del túnel. 


Gracias ♥

martes, 6 de septiembre de 2011

Para siempre.




Al acabar de cenar, él siguió llevando el barco, pero a menos velocidad que antes. Yo fui a la proa y miré con una sonrisa el pico. Siempre había querido hacer eso. Me quité los zapatos y subí un poco a la barandilla, luego extendí los brazos y cerré los ojos, sintiendo el viento azotar mis cabellos con suavidad. Entonces sentí sus manos rodear mi cintura y sus labios besar con dulzura mi cuello. Sonreí y abrí los ojos: el crepúsculo estaba en todo su esplendor ante nosotros, y el mar en calma y amplio, tan libre y grande como me sentía yo ahora.

Me cogió por las caderas y me bajó de la barandilla, una vez en el suelo yo me giré. Él me cogió las manos con las suyas y las besó.

-He estado pensándolo mucho-me dijo-, y no me he equivocado con mi decisión.
-¿A qué te refi…?-me calló con uno de sus dedos sobre mi boca, y prosiguió.
-Sólo escucha-susurró-yo asentí, el tono de su voz mezclado con el sonido del mar me estremeció. Sus ojos verdes deslumbraban con la luz anaranjada de la puesta de sol, y yo no sabía qué quería decirme-. He pensado en todo lo que nos ha pasado. En tu ida, en lo que sentí cuando volví a verte ese día que casi sufrimos un accidente de coche-sonrió-, en los celos de cuando éramos adolescentes y nos negábamos que nos quisiéramos, en los intentos que hice para olvidarte y todos ellos en vano. En esa niña hermosa que compartimos, y en todo lo que te quiero. Y he decidido que quiero tenerte conmigo para siempre. Sólo contigo he conseguido ser feliz, y ahora te veo aquí, tan bella, y no me queda ninguna duda de que eres el amor de mi vida.
>>Sé que lo nuestro fue difícil desde el principio, pero yo estoy dispuesto a darte toda la felicidad que esté a mi alcance y más.- Mis ojos estaban llenos de lágrimas, y cuando hincó una rodilla en el suelo casi se me sale el corazón del pecho. Sacó una cajita roja de raso y la abrió, dejando ver un anillo de plata y diamantes precioso-. Y si tú me lo permites, yo estaré junto a ti cada mañana de tu vida para sacarte una sonrisa. ¿Quieres casarte conmigo?

lunes, 29 de agosto de 2011

Cierra los ojos



Baja lentamente tus párpados, hasta llegar a cerrarlos por completo y respira suave, lenta y profundamente. Ahora repasa tu vida, sí, toda tu vida, desde el principio hasta ahora. Desde esos y lúcidos recuerdos que tienes de cuando eras niño y jugabas con otros igual que tu, con tu papá o tu mamá. Tu primer día de colegio, esos seis años en los que lo único que te importaba era quedártela a la cogida y te sentías feliz siempre. Después el instituto,  que dio paso a la edad del pavo en la que nos encontramos aun millones y millones de adolescentes. La primera mirada a un chico que te gusta, el primer beso, la primera caricia que te eriza el vello, esas palabras tan bellas y dañinas que son un "te quiero...", e intentar averiguar cómo acaba la frase y saber si esa noche vas a llorar o no vas a poder dormir de felicidad. Son momentos y momentos de tu vida, que pasa, corre y vuela ante tus ojos, ¿y mientras qué haces? Hay muchas opciones. Echarla a perder, apechugar con lo que te pasa, dejarte llevar, luchar por que todo salga como tu deseas, ¿cuál es el problema? Que no podemos echarla a perder, si apechugamos nos jode, si nos dejamos llevar podemos acabar mal, y si luchamos por lo que deseamos, nada nos garantiza la perfección.


Hay errores que hemos cometido, actos que nos quedaron por hacer y que todavía deseamos realizar. Hay personas que pasan por nuestras vidas y nos hacen felices o nos matan de dolor para irse dejándonos un vacío que no podemos llenar. Hay cosas buenas, cosas malas y cosas que no son ni lo uno ni lo otro. Pero todo forma parte de lo que fuimos, somos y seremos. Lo que hay que hacer con la vida es vivirla, pasar por todo lo malo para aprender y por lo bueno para ser feliz aunque sea difícil. Después de todo, ¿Qué es la vida sin un poco de riesgo? Y recuerda, no hay nada mejor que cerrar los ojos, y pararte a pensar.