martes, 17 de mayo de 2011

Capítulo 2. ¿Salvación?

Y como último remedio se volvieron a subir a sus coches e intentaron buscar la salida de ese sitio, pero cuanto más avanzaban, más se daban cuenta de que el bosque se acababa y llegaban a una zona desértica casi al completo. El paisaje era similar a una de esas viejas películas del oeste, pero la diferencia era que el suelo tenía un tono grisáceo muy enfermizo, y el cielo nocturno era más tenebroso que en ninguna otra parte. Todos pensaban lo mismo: nunca habían visto este sitio a pesar de haber salido innumerables veces del estado de Tennessee. Mel escrutaba con la mirada el desértico paisaje a la espera de ver un poste de teléfono, un edificio, una gasolinera a los lindes de la carretera, incluso la carretera misma. Pero no había nada. Absolutamente nada se podía distinguir en el horizonte. Ella y Josh pegaron un brinco en sus asientos cuando un relámpago iluminó el cielo y después tronó con fuerza. Mel paró el coche justo al lado del mercedes de Daniel.


-¿Qué hacemos?-dijo ella-. Ese trueno no me ha gustado nada.


-¿Tienes miedo de los truenos?-dijo burlón el oji azul.



-¡Vete a la mierda!-respondió la rubia, Josh y Sharon rodaron los ojos.


-¡Callaos joder!-gritaron ambos a la vez.


-Discutiendo no solucionaremos nada-comentó Josh.


-¡Pero estamos perdidos!-dijo Daniel-. Y por aquí no se ve que haya nada, ni una antena telefónica, la cobertura es nula y…


Un trueno volvió a encender el cielo y hacer estruendo, ahogando la voz de Daniel en la nada.



-Me parece que sí que hay algo… Mirad allí-soltó Mel.


Todos giraron la cabeza hacia el noreste, donde había señalado la rubia se encontraba un poste de luces, y a él le seguían unos cuantos más. Mel los había visto al iluminarse un momento con el trueno y luego habían desaparecido en la noche. Decidieron ir hacia allí, sea cual fuera su destino seguro que era mejor que quedarse allí parados. A ninguno de los cuatro les intimidaba la noche y aunque lo negasen tenían caracteres muy parecidos. Pero esa oscuridad era distinta, únicamente interrumpida por los faros largos de los coches y lo rayos del cielo. Temieron que pronto empezaría a llover, pues el tiempo había dicho que se avecinaba una tormenta. Observaron los postes, que pasaban a sus lados a cierta velocidad, y Daniel distinguió una luz allá a lo lejos rodeada por oscuridad. Se dijeron que seguirían hasta allí, quizás en ese lugar, fuera cual fuese, pudieran ayudarles a volver a sus casas o al menos a encontrar la carretera para ubicarse. 


Tardaron más de media hora en verlo al completo pero finalmente estuvo ante ellos. Se trataba de una casa hecha al completo de madera construida sobre un terreno más movedizo, como si hubiera sido antiguamente un huerto e hiciese años que no se cultivaba nada en él. Unos metros más allá de donde pararon su avance se veía un cartel de madera pintado en blanco que ponía la leyenda: Bienvenidos a Villa Gardenia. La madera de la que estaba hecha la casa era blanca, pero desgastada por el paso de los años. Las ventanas eran marrones y desde fuera se podían distinguir dos pisos y un ático. Cercando la casa había una valla blanca, pero varios de los trozos estaban rotos o más enterrados que los demás. Las luces estaban encendidas y los chicos se bajaron de los coches.

-Ahí hay alguien-dijo en voz baja Daniel.



-¿Crees que son gente de fiar?-preguntó Josh-. Porque a mí esto me da mala espina.


-No tenemos otro lugar a donde ir, seguro que tienen teléfono-dijo Sharon.


-Exacto, tocamos, pedimos permiso para llamar, contactamos con alguien y salimos-enumeró Mel.


Asintieron en silencio, esperando al valiente que se atreviese a ir primero. Daniel fue el que avanzó, los demás le siguieron de cerca. Subieron los escalones, que chillaron bajo el peso de los cuatro adolescentes, y entonces el chico de ojos misteriosos tocó el timbre. Silencio. Parecía no funcionar. Se miraron unos a otros y Mel asintió. Daniel tocó esta vez la puerta, pero el golpe fue flojo, tenía la esperanza de que alguien se hallase cerca de la puerta. Pero nadie le abrió. "Dale más fuerte" le apremió Sharon, y él obedeció. Pero nadie abrió, sino que la puerta cedió abriéndose con un chirrido y una rendija de luz salió dese el interior. Los chicos se quedaron fuera, totalmente parados y sin saber qué hacer, mirándose unos a otros. 



-¿Hola?-dijo él empujando un poco la puerta-, ¿Hay alguien ahí?


Nadie contestó esa pregunta. Daniel alargó la mano para empujar un poco más la puerta hasta que estuvo completamente abierta. Josh asomó la cabeza y repitió las palabras de Daniel pero lo que obtuvo como respuesta fue el inescrutable silencio. 


-Aquí no hay nadie-dijo Sharon en voz baja.


-Entonces entremos-sugirió Mel.


-Eso es allanamiento de morada-intervino Josh.


-¿Se te ocurre algo mejor?-contestó Daniel con una sonrisa traviesa.


Mel y él se miraron, claramente sorprendidos pues esta era la primera vez que pensaban lo mismo y no discutían por una decisión. Los demás suspiraron y se dirigieron al interior. Estaban en un recibidor corto, decorado con cuadros a ambos lados de las paredes y justo en frente de la puerta un espejo. Se fijaron en que las fotografías de los cuadros reflejaban una familia que parecía estar muy unida. A la derecha el recibidor desembocaba en un acogedor salón, con un sofá y dos sillones de cuero marrones a los lados rodeando una alfombra sobre la cual había una mesa, y de cara a la chimenea. A un lado se encontraba el comedor, y unos metros más allá una puerta abierta de la que también salía luz. Pero estos lugares no estaban ordenados en absoluto. 


La alfombra que ocupaba el centro del salón estaba revuelta, la mesa patas arriba, un plato de decoración estaba roto ante la chimenea, que aun estaba caliente a causa del fuego y se veían restos de madera. Las sillas del comedor que estaban de pie, estaban movidas y las otras estaban acostadas en el suelo. Vieron el teléfono en la mesa del comedor, y sorteando las sillas desparramadas por el suelo Mel se acercó hasta allí, cogió esperanzada el auricular y se lo puso en la oreja mientras los otros miraban con curiosidad la casa. Al lado de la otra puerta que había se encontraba una escalera pero la luz que provenía del piso superior era más leve, casi nula. Y no se podía ver nada. 


-No hay línea-informó Mel con pesadez al escuchar el silencio absoluto salir del auricular.


-Mierda…-dijo Sharon por lo bajo-. ¿Creéis que los dueños de la casa tarden mucho en llegar? Se nota que han estado aquí hace nada.


-Por el desastre que han dejado me parece que han salido de improvisto-comentó Daniel-. Podríamos quedarnos hasta que se haga de día.


-Esta casa no es nuestra-dijo Josh, todos rodaron los ojos.- No podemos hacer eso, ¿qué pensarán de nosotros los dueños si llegan? ¿Qué somos unos delincuentes?


-¡Venga amigo!-dijo Mel pasándole un brazo por los hombros-. Ten un poco de emoción en esa vida de empollón que llevas. De todas formas no podemos quedarnos dando vueltas como idiotas ahí fuera.


-Si vienen los dueños, pues les decimos la verdad y punto-argumentó Sharon, un trueno sonó estridentemente, ahora más fuerte que antes-. Y está a punto de caer una tormenta. 


Les costó pero al final terminaron por convencerle. Cerraron la puerta y se quitaron las chaquetas para quedarse con los jerséis y decidieron recoger el estropicio que había montado en el salón-comedor. Pusieron la alfombra en su sitio, dieron la vuelta a la mesita y colocaron las sillas alrededor de la mesa. Mel se sentó en el sofá, Sharon y Josh en los sillones de los lados y Daniel fue a encender el fuego de la chimenea. Fuera ya estaba lloviendo a cántaros.


-Menos mal que hemos encontrado esta casa-dijo Mel-. No sé qué hubiera pasado si nos pilla la tormenta fuera.


-Sea como sea yo aquí no estoy cómoda-dijo Sharon-. Y además tengo hambre. Ya casi son las dos de la madrugada, nos hemos pegado más de dos horas perdidos entre el bosque y el desierto, que no sé vosotros, pero yo no conocía ningún sitio así en Nashville.


-Me parece que hace tiempo que salimos de Nashville-dijo Josh-. Teniendo en cuenta que el camino a casa de Chris quedaba fuera de la ciudad.


-El fuego ya está-dijo Daniel restregándose las manos con un trapo que había por allí-. ¿Quién se encarga de la cena?


-A mi no me miréis-dijo Sharon-. Yo no sé cocinar. Lo único que me sale bien son los huevos revueltos.


-Estupendo, harán una buena combinación con mis espaguetis-contestó Mel-. Vamos, ve a la cocina. Yo voy en seguida.


-No me des órdenes-dijo enfadada Sharon-. Voy si me da la gana.


-Tú has dicho que tenías hambre-le dijo Daniel. 


Sharon soltó un gruñido y se levantó, entró por la otra puerta del comedor y efectivamente vio que era la cocina. Empezó a abrir los armarios y cajones a ver de qué disponían para cocinar algo. Mientras, en el salón, los chicos hablaban sobre la casa.


-Es un poco raro que esta sea la única casa que hemos visto en los kilómetros que hemos recorrido-dijo Josh.


-Sí, pero lo que me parece a mí raro es que estuviese abierta y que a pesar de las luces encendidas, no hubiese nadie-dijo después de un largo suspiro Mel. Encendió un cigarrillo, y Daniel se sentó a su lado.


-¿Qué habrá en el piso de arriba?-preguntó mirando la oscura escalera.


-Ni idea-corearon Mel y Josh.


-Llamadme miedica, pero a mi esta casa me da repelús-dijo Josh.


-No eres el único-corroboró Mel-. Y no voy a ser la valiente que suba ahí y averigüe…


Dejó de hablar, pues un grito ensordecedor proveniente de la cocina le interrumpió. Todos se levantaron rápidamente y asomaron la cabeza y mitad del cuerpo por la puerta para ver a Sharon sentada en el suelo, mirando con impacto algo ante ella. Mel gritó también, y los chicos no podían creer lo que se ponía ante sus ojos. Con la mitad de cuerpo en el suelo y la otra mitad metida en el armario bajo el fregadero, allí había una persona. Una mujer con los cabellos rubios ceniza y ojos castaños, mirándoles vacía y sin vida. Estaba muerta. La sangre coagulada se extendía por su ropa y su cuello, había varias gotas dentro del armario de donde había salido y también salpicando su nívea y grisácea piel. Una raja se extendía por su yugular y los chicos se dieron cuenta de que la habían degollado. Daniel se acercó a Sharon, que estaba totalmente impactada por el hallazgo, y la levantó para llevarla al salón. Josh se encargó de Mel. Sentados allí, con la espeluznante y sangrienta imagen aun en sus mentes, el silencio se interrumpió por las palabras de Josh.


-¿Cómo has encontrado eso?-dijo haciendo referencia al cadáver que se encontraba a pocos metros de ellos, justo en la habitación al lado, intentando poner mente fría al asunto y no dejarse llevar por el pánico y el impacto.


-Estaba buscando algo para comer…-decía Sharon con voz temblorosa-… Abrí todos los armarios… Pero no encontré nada… Y solo me quedaba ese y cuando lo he abierto… ¡Solo sé que se desplomó ahí y…!


-Ya-le dijo Daniel abrazándola. Mel les vio por el rabillo del ojo, su mirada era asustada aunque intentaba aparentar serenidad. Ella también quería alguien que la abrazase para no caer en el deliro. Pero no tenía a nadie, y lo que podía hacer era relajarse y respirar hondo.


-Tenemos que irnos de aquí-dijo Josh-. Es peligroso quedarnos.


-Más peligroso es que salgamos ahí fuera y nos parta un rayo-reclamó Daniel.


-¿Prefieres morir porque te parta un rayo, o que un asesino te degolle?-inquirió fuera de sí el moreno.


-¡Callaos, joder!-dijo Mel-. ¡Intento pensar qué coño podemos hacer!


-Está claro que los que viven aquí no son buena gente-dijo Josh, Sharon estaba llorando-. ¡Tienen un puto cadáver bajo el fregadero!


-La han matado hace poco-dijo Daniel-. Algo me dice que la familia no es la culpable de esto. Puede que incluso hayan sido víctimas. Recordad que hemos encontrado todo esto hecho un desastre. 


-Eso da igual, lo que digo es que no podemos quedarnos en este maldito lugar-dijo Josh.


-Tampoco podemos irnos, ¿o vas a ser tu el valiente que salga con la tormenta?-contestó Daniel exasperado, Sharon había dejado de llorar y ahora se secaba las lágrimas.


-A ver-dijo ella-. A mí tampoco me apetece quedarme, pero no podemos irnos. No voy a estar tranquila sabiendo que hay un cadáver en la cocina, pero no queda remedio. 


-¿Y si quien la ha matado vuelve?-inquirió Josh.


-¿Y si resulta que no se ha ido?-soltó Mel de pronto, saliendo de su trance. Todos giraron sus cabezas y posaron sus miradas en ella. Pero la rubia observaba la escalera, el lugar más oscuro que habían visto en esa casa, y donde reinaba el silencio desde que habían llegado-. No estamos solos, alguien más ha estado aquí… Y es posible que aun siga en este lugar. 


Se callaron ante la veracidad de sus palabras, y el miedo entró poco a poco en sus cuerpos y sus mentes. ¿Y si ese asesino, quien quiera que fuese, estaba aun allí escuchándoles? ¿Y si se había escondido en el piso superior de la casa, a la espera de algún curioso que haya ido a explorar para asesinarlo sin contemplaciones? ¿Qué pasaría si se hartaba de esperar y bajaba para matarles? Quizás estuviese ahora mismo escuchándoles dudar, regodeándose de los gritos de las muchachas y del miedo de los adolescentes. Daniel miraba a Mel, Mel miraba el fuego arder en la chimenea, inmersa en sus pensamientos. Josh movía la pierna en un acto de nerviosismo y Sharon se tapaba la cara con las manos y con el torso echado hacia delante. ¿Qué hacer?


-Nos vamos-dijeron al unísono los cuatro.


-No pienso quedarme aquí y morir-dijo Mel cogiendo su chaqueta, entonces todos la imitaron a prisas-. Prefiero coger una pulmonía. 


Llegaron al recibidor a tiempo para escuchar un sonido totalmente inesperado. El picaporte de la entrada se movía, y vieron paralizados cómo este cedía lentamente. La puerta se abrió, el viento, las gotas de lluvia y el sonido de los ratos se insertaron por unos momentos en la casa pero volvieron a amortiguarse cuando el desconocido cerró la puerta tras de sí. Era de complexión ancha, sumamente alto, con la capucha del chubasquero que llevaba puesta y botas especiales para la lluvia. Los chicos totalmente inmóviles, esperaron el terrible momento en que él se dio la vuelta. Era calvo, rondaría los cuarenta y cinco años. En su rostro apareció la sorpresa, pero luego una sonrisa surcó sus finos labios. Mel tembló, y tras de ella, alguien le agarró la mano o para infundirle valor o porque tenía más miedo que ella. Reconoció al tacto el anillo de calavera que llevaba Daniel siempre en el dedo corazón. Sharon se atrasó un paso de forma casi imperceptible y chocó contra el pecho de Josh, que no se movió ni un ápice. Todos esperaban la reacción del extraño, que se pusiera a gritar en cólera, que sacase una pistola y les pegase un tiro a todos entre ceja y ceja, e incluso que sacase un cuchillo carnicero para incrustárselos en el cuerpo, pero lo único que salió de su boca fue un:


-¿Quiénes sois?