Al acabar de
cenar, él siguió llevando el barco, pero a menos velocidad que antes. Yo fui a
la proa y miré con una sonrisa el pico. Siempre había querido hacer eso. Me
quité los zapatos y subí un poco a la barandilla, luego extendí los brazos y
cerré los ojos, sintiendo el viento azotar mis cabellos con suavidad. Entonces
sentí sus manos rodear mi cintura y sus labios besar con dulzura mi cuello. Sonreí
y abrí los ojos: el crepúsculo estaba en todo su esplendor ante nosotros, y el
mar en calma y amplio, tan libre y grande como me sentía yo ahora.
Me cogió por las
caderas y me bajó de la barandilla, una vez en el suelo yo me giré. Él me cogió
las manos con las suyas y las besó.
-He estado pensándolo
mucho-me dijo-, y no me he equivocado con mi decisión.
-¿A qué te refi…?-me
calló con uno de sus dedos sobre mi boca, y prosiguió.
-Sólo
escucha-susurró-yo asentí, el tono de su voz mezclado con el sonido del mar me
estremeció. Sus ojos verdes deslumbraban con la luz anaranjada de la puesta de
sol, y yo no sabía qué quería decirme-. He pensado en todo lo que nos ha
pasado. En tu ida, en lo que sentí cuando volví a verte ese día que casi
sufrimos un accidente de coche-sonrió-, en los celos de cuando éramos
adolescentes y nos negábamos que nos quisiéramos, en los intentos que hice para
olvidarte y todos ellos en vano. En esa niña hermosa que compartimos, y en todo
lo que te quiero. Y he decidido que quiero tenerte conmigo para siempre. Sólo
contigo he conseguido ser feliz, y ahora te veo aquí, tan bella, y no me queda
ninguna duda de que eres el amor de mi vida.
>>Sé que lo
nuestro fue difícil desde el principio, pero yo estoy dispuesto a darte toda la
felicidad que esté a mi alcance y más.- Mis ojos estaban llenos de lágrimas, y
cuando hincó una rodilla en el suelo casi se me sale el corazón del pecho. Sacó
una cajita roja de raso y la abrió, dejando ver un anillo de plata y diamantes
precioso-. Y si tú me lo permites, yo estaré junto a ti cada mañana de tu vida
para sacarte una sonrisa. ¿Quieres casarte conmigo?
