¿Por qué tenía que compartir habitación con él? se preguntaba una y otra vez Sandra. no lo entendía, ¡siempre tan estrictos con el asunto de los cuartos mixtos en el internado y ahora vienen y la ponen con ÉL! y justo con ÉSE. Ella era una chica de pelo corto y oscuro, y unos ojos grises que hipnotizaban a cualquiera. Sus padres la habían metido en aquel internado para que no fuese tan rebelde como lo era.
Al entrar en el cuarto, lo vio a él. Ese chico moreno de ojos marrones, cuerpo de atleta y cara de Dios heleno. Él estaba haciendo flexiones. Parecía no haberse dado cuenta de que ella estaba presente. Por lo que Sandra cerró al puerta de manera estrepitosa para hacerse notar. Él paró de hacer ejercicio, se levantó y cuando la vio sonrió.
Al entrar en el cuarto, lo vio a él. Ese chico moreno de ojos marrones, cuerpo de atleta y cara de Dios heleno. Él estaba haciendo flexiones. Parecía no haberse dado cuenta de que ella estaba presente. Por lo que Sandra cerró al puerta de manera estrepitosa para hacerse notar. Él paró de hacer ejercicio, se levantó y cuando la vio sonrió.
-¿Se puede saber de qué demonios te estás riendo?
-¿Qué ahora no me puedo reír?
-¡no mirándome a mi!-Sandra posó su maleta encima de la otra cama, la de colores femeninos que tanto odiaba, debía de personalizarla...
-¡qué mala leche que tienes, Sandra!
-¡Como si no me conocieras, David!-abrió al maleta y se giró para hablarle-, mira, vamos a poner las normas desde ya. primero; prohibido traerte tus pibas aquí, si quieres hacer lo que sea con ellas te las llevas a un hotel o a un basurero pero aquí no las quiero ver. Segunda;-Sandra se posicionó en la mitad del gran cuarto e hizo la forma de una línea en el suelo-, esta es mi parte y la otra la tuya, no quiero que tus porquerías pasen de aquí, ¿entendido?
-¡Si señora!-dijo él haciendo pose de militar.
-¿Qué ahora no me puedo reír?
-¡no mirándome a mi!-Sandra posó su maleta encima de la otra cama, la de colores femeninos que tanto odiaba, debía de personalizarla...
-¡qué mala leche que tienes, Sandra!
-¡Como si no me conocieras, David!-abrió al maleta y se giró para hablarle-, mira, vamos a poner las normas desde ya. primero; prohibido traerte tus pibas aquí, si quieres hacer lo que sea con ellas te las llevas a un hotel o a un basurero pero aquí no las quiero ver. Segunda;-Sandra se posicionó en la mitad del gran cuarto e hizo la forma de una línea en el suelo-, esta es mi parte y la otra la tuya, no quiero que tus porquerías pasen de aquí, ¿entendido?
-¡Si señora!-dijo él haciendo pose de militar.
Sandra se puso a ordenar su ropa en el armario mientras David leía tumbado en su cama.
-¿Sabes acaso qué le ha dado al direc por ponernos en cuartos mixtos?-le preguntó Sandra.
-Si, lo ha mencionado en el discurso pero tú no estabas... ha dicho que es pro que en este colegio hay mucha... 2guerra de sexos" y quiere que nos complementemos los unos con los otros.
-Vaya gilipollez.
-Ya, pero es verdad... aquí los chicos son demasiado machistas y las chicas demasiado feministas.
-Bueno, pues nosotros seremos el ejemplo-Sandra se sentó en su cama en forma india y miró a David, que dejó el libro a un lado y se sentó de igual manera-, Nunca me has caído bien, Mathews.
-Ni tú a mi... Sanders-ambos estaban dispuestos a decirse las verdades a al cara.-, y todavía me caes mal.
-Si de verdades hablamos... yo creo que eres demasiado pasota.
-Y tú muy mandona.
-Bien-Sandra sonrió, David igual.
-Eso no va a cambiar pro el hecho de que demos apariencia de llevarnos bien.
-No hace falta que me lo recuerdes.
-¿Trato hecho?-Davi se levantó y tendió su mano a Sandra.
-Trato hecho-ella la estrechó.
-Si, lo ha mencionado en el discurso pero tú no estabas... ha dicho que es pro que en este colegio hay mucha... 2guerra de sexos" y quiere que nos complementemos los unos con los otros.
-Vaya gilipollez.
-Ya, pero es verdad... aquí los chicos son demasiado machistas y las chicas demasiado feministas.
-Bueno, pues nosotros seremos el ejemplo-Sandra se sentó en su cama en forma india y miró a David, que dejó el libro a un lado y se sentó de igual manera-, Nunca me has caído bien, Mathews.
-Ni tú a mi... Sanders-ambos estaban dispuestos a decirse las verdades a al cara.-, y todavía me caes mal.
-Si de verdades hablamos... yo creo que eres demasiado pasota.
-Y tú muy mandona.
-Bien-Sandra sonrió, David igual.
-Eso no va a cambiar pro el hecho de que demos apariencia de llevarnos bien.
-No hace falta que me lo recuerdes.
-¿Trato hecho?-Davi se levantó y tendió su mano a Sandra.
-Trato hecho-ella la estrechó.
Los días y los meses pasaban rápidamente, Sandra y David, tal y como había pactado, hacían que se llevaban bien para que el direc no reclamase nada. El problema venía cuando Sandra tenía que ver a David haciendo flexiones o abdominales, o cuando lo veía recién salido del baño, con una toalla blanca tapandole de caderas abajo y su marcado porso al aire. Elal intentaba negarlo pero al realidad era que ver aquello cada mañana y cada noche... Él era un caso aparte. También llevaba bien todo ese asunto, menos cuando veía a Sandra con sus mini-pijamas. Que solo consistían en un pantalón corto, pero bien corto y un top que se el subía, dejando ver su sexy pirsing en el ombligo que resaltaba sobre su piel morena. O cuando al veía salir del baño con uan diminuta toalla azul claro y sus imponenetes piernas bien formadas al aire.
Ambos sentía una atracción física impresionante. Ya a mitad de curso, Savid se dieron cuenta de que esa apariencia de lelvarse bien ya no era tan aparente. Más bien se estaban comenzando a agradar el uno al otro, y eso a él el gustaba, casi tanto como le gustaba Sandra. Ella sentía y pensaba lo mismo, pero lo negaba. Pasados dos meses, ambos sentían algo más que simple atracción. Se lelvaban muy bien, pero delante de sus amigos aparentaban optra cosa por miedo a lo que fueran a decir. Un día, David se cansó. Sandra estaba en el baño, cepillándose los dientes para ir a dormir. Él se levantó, cuando ella acabó, él le impidió salir del baño poniéndo su brazo en el otro extremo de la puerta.
Ambos sentía una atracción física impresionante. Ya a mitad de curso, Savid se dieron cuenta de que esa apariencia de lelvarse bien ya no era tan aparente. Más bien se estaban comenzando a agradar el uno al otro, y eso a él el gustaba, casi tanto como le gustaba Sandra. Ella sentía y pensaba lo mismo, pero lo negaba. Pasados dos meses, ambos sentían algo más que simple atracción. Se lelvaban muy bien, pero delante de sus amigos aparentaban optra cosa por miedo a lo que fueran a decir. Un día, David se cansó. Sandra estaba en el baño, cepillándose los dientes para ir a dormir. Él se levantó, cuando ella acabó, él le impidió salir del baño poniéndo su brazo en el otro extremo de la puerta.
-¿Qué te pasa, David?-dijo ella, no sabía de qué iba todo esto.
-¿A mi? Pues... me pasan cosas que creo que a tí también.
-No te sigo.
-Sandra...-dio un suspiro, y con su característica seguridad, siguió hablando-me gustas.-Esa noticia impactó en la mente de al morena como un proyectil.
-¿Que yo qué?
-Lo has escuchado muy bien. Y sé que también te gusto.-estaba muy seguro e sí mismo.
-¿Y qué te hace pensar que tú a mi me gustas?
-La manera en que me miras-dijo él,-eso me lo dice todo.
-Yo... yo no te... miro-dijo algo nerviosa-, no te inventes als cosas.
-Sandra...-esbozó una sonrisa, con un dedo levantó la cara de ella, que miraba al suelo. Quedó muy cerca de la morena, que comenzaba a temblar al tenerlo tan cerca, pero ni muerta admitiría que le gustaba ese chico, es más que se estaba enamorando del chico al que había odiado tantos años.-No lo niegues... admítelo.
-No...-iba a hablar pero él al interrumpió.
-Yo sé que me miras-acercó su boca al oído de ella-, se que te gusto-susurró en su oído, haciendo que ella se estremeciese-, tanto como tú me gustas a mi...-seguía murmurando cerca de sus labios-, este trato ha acabado convirtiendose en realidd-no sabía ni ella misma como tenía tanta fuerza de voluntad como para no tirarse a sus brazos en ese instante, lo tenía tan cerca... pero ¡no se rendiría tan facilmente! ¡Ella no era de esas! aunque debía admitir que durante todo el curso, David no había estado con nadie, y eso era un record para él-, has acabado gustándome tanto...
-David...-susurró su nombre.
-Sé que es dificil de creer que después de odiarnos tanto te esté diciendo estas cosas.. pero es cierto, te has hecho un hueco en mi corazón, Sandra Sanders.-sus labios se rozaban al hablar.
-Cállate-dijo ella de forma brusca, sorprendiendo al chico, pero él no se alejó, ella no lo dejó-, y besame.
-¿A mi? Pues... me pasan cosas que creo que a tí también.
-No te sigo.
-Sandra...-dio un suspiro, y con su característica seguridad, siguió hablando-me gustas.-Esa noticia impactó en la mente de al morena como un proyectil.
-¿Que yo qué?
-Lo has escuchado muy bien. Y sé que también te gusto.-estaba muy seguro e sí mismo.
-¿Y qué te hace pensar que tú a mi me gustas?
-La manera en que me miras-dijo él,-eso me lo dice todo.
-Yo... yo no te... miro-dijo algo nerviosa-, no te inventes als cosas.
-Sandra...-esbozó una sonrisa, con un dedo levantó la cara de ella, que miraba al suelo. Quedó muy cerca de la morena, que comenzaba a temblar al tenerlo tan cerca, pero ni muerta admitiría que le gustaba ese chico, es más que se estaba enamorando del chico al que había odiado tantos años.-No lo niegues... admítelo.
-No...-iba a hablar pero él al interrumpió.
-Yo sé que me miras-acercó su boca al oído de ella-, se que te gusto-susurró en su oído, haciendo que ella se estremeciese-, tanto como tú me gustas a mi...-seguía murmurando cerca de sus labios-, este trato ha acabado convirtiendose en realidd-no sabía ni ella misma como tenía tanta fuerza de voluntad como para no tirarse a sus brazos en ese instante, lo tenía tan cerca... pero ¡no se rendiría tan facilmente! ¡Ella no era de esas! aunque debía admitir que durante todo el curso, David no había estado con nadie, y eso era un record para él-, has acabado gustándome tanto...
-David...-susurró su nombre.
-Sé que es dificil de creer que después de odiarnos tanto te esté diciendo estas cosas.. pero es cierto, te has hecho un hueco en mi corazón, Sandra Sanders.-sus labios se rozaban al hablar.
-Cállate-dijo ella de forma brusca, sorprendiendo al chico, pero él no se alejó, ella no lo dejó-, y besame.
Y como toque final, David unió sus labios con los de Sandra para besarle como había deseado hacía meses.
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