lunes, 13 de junio de 2011

Capítulo 3. Interrogantes


-Se… sentimos haber entrado así a su casa-dijo Daniel tartamudeando por el susto.

-Hemos… hemos tocado para pedir el teléfono porque nos hemos perdido pero no había nadie y como la tormenta ha estallado fuera no pudimos salir-dijo Josh a la carrerilla y sin respirar.

-Pero ya nos íbamos-completó rápidamente Mel, la mano de Daniel seguía apretando la suya tras su cuerpo.

-No-contestó rotundo el extraño hombre, luego suavizó un poco el tono de voz-, no podéis iros chicos, mirad la que está cayendo… ¿habéis encontrado ayuda por teléfono?-todos negaron con la cabeza, aun con el miedo en el cuerpo y la desconfianza en sus expresiones-, entonces la tormenta ha debido cortar las conexiones... Podéis quedaros aquí hasta que amaine.- El hombre caminó hacia dentro, hasta llegar al salón, luego giró sobre sus talones para mirarles-, vamos, no seáis tímidos-decía con una sonrisa en su rostro, enmarcada por el espeso bigote canoso que había sobre sus labios. 

Todos se miraron entre sí, y aunque no confiaban en el extraño del todo, no les quedaba otra alternativa. Se las apañaron para caber los cuatro ene l sofá de dos plazas mientras aquel tipo avivaba el fuego acuclillado ante la chimenea. 

-Perdonad mi falta de educación, a veces se me olvida que no estoy solo en el mundo-suspiró con un deje de nostalgia-, mi nombre es George, y como habréis supuesto vivo solo aquí. Podéis quedaros todo el tiempo que queráis.

Ellos se miraron de reojo. Tres mentiras en la misma frase. Él no vivía en esa casa dado que los chicos no habían visto su rostro en ninguno de los cuadros, seguro que su nombre no era George, y dudaban seriamente de su supuesta falta de educación. No se movieron ni un ápice. El cadáver de la cocina todavía les taladraba la mente con insistencia. 

-Parece que se os ha comido la lengua el gato-se mofó él-, vengo en un momento-se excusó. 

Se alzó en pie y desapareció rápidamente por las escaleras.

-No me fio de él-reclamó Sharon en un susurro apenas audible.
-Está mintiendo-corroboró Josh-, tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Nadie respondió porque todos pensaban lo mismo. Iban a levantarse pero en ese momento George volvió a aparecer por la escalera. Las luces tras él seguían encendidas. El hombre se quedó tras el sofá, de espaldas a la cocina, y los chicos rezaron mentalmente cuanto sabía para que no se diera la vuelta y viera lo que había en el suelo: el cadáver gangrenado de una mujer. 

-Seguro que tenéis sueño… Vamos arriba, he preparado las camas para que podáis descansar.
-Gracias-intervino Sharon-, pero debemos irnos ya… Hemos podido contactar con una amiga por el móvil y nos ha indicado el camino-mintió hábilmente-, no le molestaremos más-sonrió. 

Sólo sus amigos notaron su nerviosismo porque ella era un reflejo de sus miedos. Todos se levantaron en dirección a la puerta, pero George se interpuso en su camino con una rapidez impropia de su edad. Con los brazos cruzados tras su espalda y una inseparable sonrisa remarcada en su rostro les miró y habló.

-Me parece que no habéis entendido bien lo que os he dicho.… No podéis iros.

-¿Por qué?-dijo Daniel en un arranque de valentía-, podemos irnos si queremos, usted no es nadie para decirnos qué hacer. Y si salimos por esa puerta no le molestaremos más.

George suspiró con tranquilidad.

-Vosotros no vais a iros de esta casa, haceos a la idea de que este será ahora vuestro hogar… ¿o quizá vuestra tumba? Todo depende de cómo os portéis.

-¡De qué está hablando!-dijo Mel horrorizada-, ¡está mal de la cabeza!

-Sé que habéis visto lo que hay en la cocina-dijo sin alterarse y con una voz profunda emergiendo de su garganta. 

-No diremos nada-respondió la rubia-, si nos deja ir haremos como que no hemos visto nada y nos olvidaremos de usted.

La respuesta fue una sonora carcajada por parte de George.

-No nací ayer, rubita… vamos-su voz cambió en un segundo de la calma a la agresividad-, ¡ARRIBA!

-¡No vamos a ir a ningún lado!-se cabreó Josh.

En una fracción de segundo sintió cómo el puño del hombre le daba en la mejilla, tan duro y tangible como el hierro. El muchacho se tambaleó sobre sus pies y escupió sangre al suelo. Miró con odio en sus oscuros ojos al causante del golpe.

-¡VAMOS! ¡ARRIBA AHORA MISMO!-vociferó.

Todos dieron un pequeño brinco asustados y horrorizados por lo que acababan de ver. Daniel se iba a abalanzar sobre George. ¡Vamos! No puede tener menos de cuarenta, Daniel era diez veces más fuerte que él… Pero el hombre sacó del bolsillo trasero de su pantalón una pistola y les apuntó con firmeza, volvió a grita, tuvieron que hacerle caso. Subieron con pasos atropellados las escaleras y desembocaron en un estrecho y oscuro pasillo, iluminado a tiempos por los rayos que tronaban el cielo.

El extraño abrió la segunda puerta y arrojó uno por uno a los adolescentes al interior de la habitación. Mel no podía creer lo que estaba ocurriendo, Josh aun sentía el efecto del puño latir en su rostro. Daniel luchó por dejar inconsciente al extraño, pero lo único que consiguió fue ganarse un puñetazo en la barriga, y Sharon se sentía ahogada, necesitaba salir de ese lugar. Maldijo una y mil veces el haber entrado a esa casa. Mel se levantó del suelo y fue hacia Daniel, posando una mano en la espalda del chico. 

-¿Te encuentras bien?-, él asintió.

-¡Hijo de ****!-jadeó Daniel agarrándose la barriga, arrodillado en el suelo.

-Shhh-bisbiseó ese tipo-, ahora vais a portaros bien y os quedaréis aquí tranquilitos. Y yo que vosotros no intentaba escapar… Si yo me entero de que intentáis salir de esta casa… no queráis saber qué es lo que va a pasaros.

-¿Qué vas a hacernos?-dijo temerosa Mel. George sonrió maliciosamente.

-Ya se me ocurrirá algo productivo para vosotros… Me divertí mucho con la rubita de debajo del fregadero… Se puso a correr como una histérica por toda la casa, sabiendo que no había escapatoria. Y al final la atrapé…-se rió-, esto-señaló unas marcas que tenía ene l cuello que parecían arañazos-, me lo hizo ella, la muy *****… si os portáis bien y hacéis todo lo que os digo, entonces puede que no tengáis un final tan… sangriento.- Pero él no había descartado que fueran a tener un final. 

-¡Ibas a matarnos igual!-dijo Mel harta de tantas mentiras-, estoy segura de que si aceptábamos quedarnos sin rechistar aquí, vendrías a matarnos mientras dormíamos.

-Pero qué chica tan lista…-contestó sonriendo. Llegó hasta ella y agarró su cara con una mano, apretando y mirando su rostro con curiosidad-, y además eres muy guapa… Creo que me divertiré mucho contigo.

-¡A ella no la toques!-dijo Daniel, y le estalló un jarrón en la cabeza.

George cerró los ojos por el impacto y volvió a abrirlos. Los demás vieron cómo el hombre volvía a atestar un puñetazo ene l vientre del moreno, y este caía al suelo desplomado. El otro salió de la habitación y se escuchó perfectamente cómo le ponía llave a la puerta. Sharon se acercó a Daniel.

-Dios mío, ¿estás bien?-le dijo.

-Sí…-murmuró con cierta dificultad. Ella lo ayudó a sentarse en el suelo.

-¡Maldito viejo!-exclamó Josh-, ¡Va a matarnos! Es nuestro fin…

-No seas pesimista-intervino Mel-, por cierto… Gracias por defenderme, Daniel-le dijo mirándole, él hizo un esfuerzo por sonreír.

-¿Qué no sea pesimista? Tú no has sentido la fuerza de ese capullo en carnes… 

-Es muy fuerte-dijo Daniel-, se nota que se machaca en el gimnasio, la pregunta ahora es ¿cómo podemos irnos de aquí?

-Podríamos salir por la ventana-sugirió Sharon.

-¿Y arriesgarnos a que ese psicópata nos vea y nos degollé? No, gracias-dijo Mel-. Por lo pronto no podemos hacer nada.

-¡Tenemos que hacer algo!-dijo Josh desesperado-, ¡no podemos quedarnos de brazos cruzados mientras ese tipo prepara nuestras muertes!

-No digas eso-le contestó Sharon.

-¡Es la verdad! Y todo por querer ir a esa maldita fiesta.

Sharon seguía con su labor de calmar a Josh, Mel se sentó al lado de Daniel, ambos miraban preocupados a través de la ventana que había en la habitación. No podía distinguirse nada del exterior. Hacía oídos sordos a la airada conversación que mantenían los demás, y en vez de hacerse presente el miedo en ellos, apareció el interés por saber el por qué. Por saber quién era ese tipo, por qué había matado a esa mujer, y necesitaban responder a esas preguntas y otras muchas que se arremolinaban en sus mentes cuanto antes. 

Por primera vez se pararon a observar con atención cada detalle que decoraba la habitación donde se encontraban. Era un dormitorio infantil, dos camas de 90 estaban postradas en paredes opuestas. Una de ellas azul, y encima una estantería con aviones de juguete. Y la otra rosa, con la misma estantería, pero en este caso, adornada con una gran colección de muñecas Barbie. Al lado de la puerta había un escritorio con un ordenador de juguete, varios lápices regados por el mismo y en completo desorden. Luego, a los pies de cada cama una maleta sin deshacer. Mel se alzó en pie y fue hasta una de las maletas, Daniel la siguió.

-¿Crees que haya matado también a los niños?-preguntó él.

-Es lo más probable… Pero necesitamos saber porqué-contestó mientras abría la maleta.

Josh y Sharon al fin se callaron y observaron con atención cómo la rubia abría la maleta. Dentro había ropa de niño, rondaría los nueve años a juzgar por la talla. Pantalones, camisetas, jerséis y chaquetas. Calzoncillos, calcetines… Todo lo que un niño llevaría para pasar unos días con sus padres en la casa de campo de sus abuelos. Terminó por sacar todo, registró todos los bolsillos pero fue inútil; no había nada que pudiera darles ningún tipo de información. Entonces fue hasta la otra maleta e hizo lo propio que con la primera. Como era de esperar, esta estaba llena de ropa de niña, medias, falditas, blusas… Todo para una niña de siete años. 

Mel dio la vuelta a la maleta y metió la mano por el bolsillo trasero, entonces la expresión de su rostro cambió por completo. Sacó un papel y lo desplegó. Los demás miraron sobre sus hombros el dibujo que sostenía. Era una mala caricatura de la casa, pintada con flores a su alrededor y con colores más vivos de los que ahora poseía. Al lado de la casa y de su mismo tamaño habían dibujados dos muñecos de palitos, que simbolizaban a dos personas. Un hombre y una mujer: Mario y Christine. Y finalmente al pie de la página en escritura infantil decía algo que no se distinguía muy bien, las letras se habían borrado, pero sólo se podía apreciar el nombre de la casa: "Villa Gardenia". 

-¿Y esto qué significa?-dijo Daniel.

-Esta niña tiene algo que ver con la casa-dijo Mel-, al igual que el niño propietario de la otra maleta y también la mujer bajo el fregadero.

-Pero eso ya lo suponíamos-dijo Sharon.

Daniel fue hasta el pequeño escritorio y empezó a mirar las cosas revueltas que habían ene l mismo. Algunos lápices estaban rotos. Al no encontrar nada, abrió las puertas del armario que tenía justo al lado. Dentro había unos abrigos con apariencia de haber tenido años en el mismo lugar. El moreno los echó todos a un lado y vio un fondo de armario totalmente vacío a excepción de la pequeña cajita de metal que había en el suelo. De repente escucharon la cerradura girar y Daniel cerró rápidamente el armario a tiempo de ver a George parado frente a ellos con la pistola empuñada en la mano derecha. 

-¿Os estáis divirtiendo?-nadie contestó. El silencio era tan tenso que podría cortarse con un cuchillo.- He venido a buscar entretenimiento… Esa tormenta no permite ni que los canales de la televisión se vean decentemente. Y os preguntaréis… ¿qué clase de diversión?-una risa socarrona salió de sus labios-, eso no voy a decíroslo.

Se acercó a los chicos y para horror de todos agarró del brazo a Sharon. Ella empezó a gritarle que la soltase, a resistirse con tal de que no la llevasen, pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. George volvió a cerrar la puerta y Josh le dio una patada.

-¡MALDITO HIJO DE PERRA!-gritó.

-Cálmate-le dijo Daniel, a punto de perder los estribos.

-¡Es tu novia!-dijo Josh-, ¡debería importarte más a ti que a mí!

-Ella no es mi novia-le discutió Daniel.

-Y ahora me saltarás con el rollo de que solo sois amigos… ¡Vamos Daniel! todo el instituto sabe que estáis liados

-¡Pero se puede saber por qué te pones así!-dijo Mel sorprendida. Nunca antes había visto a su amigo de esa forma. 

-¡Pues porque ese desgraciado va a hacerle daño a Sharon! ¡Y yo no quiero que eso pase porque la quiero!

Mel abrió la boca tres palmos, Daniel no cabía en sí de asombro. Nadie sospechaba nada, esto era una nueva información. Demasiadas emociones juntas en menos de diez horas. Pero era lo que ellos tenían que soportar.

-¿Y desde cuando te gusta?-inquirió Mel sorprendidísima.

-¡Desde siempre! Pero como ella es tan distinta a mí… nunca se lo he contado a nadie. ¡Ahora eso no importa!-dijo después de un silencio-, hay que hacer algo.

-¿Y qué quieres que hagamos?-dijo Daniel-, la puerta está cerrada con llave y es imposible salir de esta habitación.

Nadie protestó, todos tenían la esperanza de que Sharon llegase sana y salva a la habitación. Daniel volvió a abrir el armario y se sentó en una de las camas para abrirla, y mientras él y Mel miraban lo que había en el interior, Josh daba vueltas y más vueltas en la habitación. La cajita de metal contenía fotos a sepia, sacadas muchos años atrás. En el dorso venían las fechas. 1956, 1960, 1940… Habían fotos de incluso antes de antes de la época del fascismo. Todas ellas de una familia, y siempre delante de esta casa. Mel y Daniel se miraron el uno al otro.

-¿Cuántos años tiene esta casa?-dijo ella.

-No lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que puede llegar a ser nuestra tumba.

Daniel se levantó y se apoyó en una pared, entonces dio un respingo y Josh y Mel se acercaron para ver qué le había pasado. Ante ellos lo que había era un hueco, una especia de pasadizo secreto, no más grande que un conducto de ventilación. Dentro había polvo y estaba en absoluta oscuridad. Los hicos se miraron pensando en cuál sería su próximo movimiento. 

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