-Tengo que decírtelo.
-No, por favor, no hagas esto más difícil-su rostro reflejaba dolor, uno sin igual que nunca había visto.
-Desde que sentí tu mirada en mi, me sentí completa. Crecí a tu lado, me has enseñado cosas importantes en la vida, pero ahora necesito que me enseñes una imposible, si cabe decirlo. Mis pensamientos han cambiado. Soy una simple adolescente de diecisiete años, harta del mundo y de padres que no me entienden, pero eso cambia cuando estoy a tu lado. Nunca me sentí así. ¿Sabes? muchas personas intentaron alejarme de tí, todavía lo hacen. Me dicen que estoy loca, que no sé lo que pienso, y mis padres están pensando en llevarme a un loquero para que mire mis fallos mentales. ¿Sabes el inconveniente? ¡que yo sé que no estoy loca!
-Rachel-me dijo con voz pausada y expresión triste-¿Nunca e has preguntado por qué no he cambiado en todo el tiempo que llevamos conociéndonos? y de eso hacen diez años, nada más y nada menos. ¿Nunca te has parado a pensar en el hecho de que no me acerco a ti y estoy a tu lado, si, pero de lejos?-bajé la mirada, ¿Qué quería decir con esto?, aunque pensándolo ahora... nunca se había acercado a mi, incluso cuando lloraba no venía a darme el más mínimo abrazo de consuelo, mas su presencia me animaba, y me hablaba para distraerme.
-¿Qué estás intentando decirme?-pregunté con lágrimas a punto de salir por mis ojos.
-¡Rachel! mírame-dijo afligido, se tocó el cuerpo, yo le vi normal. El lugar, no había un alma puesto que era domingo, y menos iba a haberlo si esto era un barranco al cual em iba apensar.- No lloro, aunque tenga increíbles ganas de hacerlo, no sabes el daño que me hace verte derramar lágrimas interminables de tus hermosos ojos verdes, me duele no poder tocarte si quiera-se acercó a pasos lentos hacia mi, yo no entendía lo que me quería decir.- aunque quiera tocar tu mejilla, secar tus lágrimas... no puedo.
-¿Por qué no?-dije apretando los labios y con un hilo de voz.-¡¿Cuál es el problema?!
-El problema es... estoy muerto, Rachel-la verdad impactó en mis tímpanos sin querer procesar por mi cerebro, pero ya no había marcha atrás-soy un alma en pena, que ha hecho muchas cosas horribles a lo largo de su vida humana. Me han condenado a vagar toda la eternidad por el mundo, cuando te conocí, cambié, pero eso no bastó para cruzar... no puedo irme, Rachel.
-Chace...
-Te quiero, ¡Oh claro que te quiero! Y me atrevería a decirte que te amo como nunca en mi vida humana he amado a nadie. Pero esto no puede ser, nunca va a poder serlo.
Se alejó de mi con sus preciosos ojos de un violeta fantasmal tristes, como él había dicho, tenía sentimientos, pero no podía demostrarlos. Estaba congelada en mi lugar, clavada en el suelo, ¿cómo no me había dado cuenta antes de esto? ¡Él era un fantasma! Mi mente reaccionó por si sola, y casi sin pensar, sin medir mis palabras...
-¡Chace!-le llamé, él paró su avance a Dios sabe dónde para girarse a mirarme-si no puedo estar contigo viva... lo estaré en la otra vida.
Vio la determinación, mi decisión en mis propios ojos, y su cara se tornó a una expresión de horror.
-¡No!-me dijo alarmado dando pasos de nuevo hacia mi dirección-¡Ni se te ocurra! ¡No puedes hacerlo!
-¿Por qué?-dije, lágrimas bañaban ya mi rostro por libre, y no pensaba detenerlas-Ya nada me ata al mundo de los vivos... A él sólo me amarrabas tú, pero ya no...
-Tienes toda una vida por delante, podrías tener un marido como se manda, hijos... ¿Por qué conformarte con una triste y desgraciada alma en pena como lo soy yo?
-Por que yo amo a esa alma en pena-le dije-y quiero estar contigo, cueste lo que me cueste., y si para eso tengo que morir...
-Rachel-me interrumpió-, no tienes que hacer esto, piensa en tu futuro.
-¡Mi futuro eres tú!-le dije-Y sólo eso me importa.
Avancé con paso decidido, y sin escuchar sus réplicas... me precipité al vacío.

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